Rincón del alma - Pequeña Moral

PEQUEÑA MORAL

(CMR)

 Van dirigidas estas líneas a quien poseyó:

La belleza, sin la arrogancia

La virtud, sin la gazmoñería

La coquetería, sin la liviandad

El interés, sin la desesperación

El ingenio, sin la mofa

La ingenuidad, sin la ignorancia

Todas las trampas de la feminidad, sin usarlas.

 

NO

Me presentan mujeres de buen gusto

Y hombres de buen gusto

Y últimos matrimonios de buen gusto

Decoradores bien avenidos viviendo en medio

De un miserable e irreprochable buen gusto

Yo sólo disgusto tengo.

Un excelente disgusto, creo.

  

NOTA SOCIAL

Vi también a las madres

 de nuestra América, en parís. Pasearse

por los grandes Bulevares

con los cadáveres

de sus hijas

de plumero y tacón. Listas.

Embalsamadas para el matrimonio.

No he querido negarles

El lugar que merecen en “El Monstruo

Y su Dibujante”

 

NOTA DEL BLOGGER:

un fragmento de la grandiosa mente de Carlos Martínez Rivas, hoy nos incita a abrir la mentalidad humana y revalorizar los aspectos de una vida relativamente cotidiana.

Una simple escena de lo que, las creencias por “Tradición” hacen en la mente humana que, por consiguiente, al ser un hábito se convierte en ley. Por naturaleza el ser humano siempre está en busca de respuestas y someterse a situaciones del diario ver, muchas veces sugiere una cuestionante, ¿del porque debería ser así? Es aquí, el punto de partida del cambio. Es ahí, donde la perspectiva se transforma y podemos ver el sin numero de posibilidades, para llevar las riendas de nuestras vidas.

No seguir las costumbres no significa ser un mal ser humano, puesto que ellas han sido creadas y puestas en practica por un ser humano, es por ello, que es cambiante. Llega un punto en donde, desde tu núcleo familiar, de amigos o del trabajo muchos hábitos, se convierten en costumbres que con el paso del tiempo se vuelven tradiciones.

este es un punto de vista que emerge, como un leve ejemplo del análisis sobre esta obra maravillosa.

 

Muchas Gracias por visitar nuestro blog.

Hasta la próxima.

 

 “Prólogo de Carlos Martínez Rivas: una poética de dimensión humana”

Anastasio Lovo

Carlos Martínez Rivas es como César Vallejo –su paradigma- un poeta humano, demasiado humano. Martínez Rivas poetiza lo vivido, lo sufrido, lo gozado, lo bebido, lo comido, lo fruido, lo ironizado y lo vomitado. Martínez es un testigo ocular del drama humano de lo vivido por él y sus seres circundantes sean estos personajes, personas, animales o cosas. Hay un abordaje existencial testimonial casi total en la obra carlosmartiniana. Prima en su poética una ética de lo vivido, de lo auténtico, de lo sólido, de lo testimonial irrefutable como puede ser un equilibrista andando sobre la cuerda floja de su vida sin red ni agua que lo espere. Carlos Martínez Rivas probablemente sea el creador poético donde la distancia entre el escribir y el quehacer sea menor. Hay una consecuencia total con su opción vital de construirse a partir de su propia destrucción. Y en esta pavorosa dimensión de su existencia, el desafío herético enunciado desde el espacio de la fe, también es cristiano. Carlos Martínez Rivas no es un poeta divino, no existe en su obra la perfección. Su poesía es la de un dios hecho ser humano, como Cristo, capaz de beber las heces en el cáliz, apurarlo, no bajar legiones de ángeles o musas, y en la belleza de lo imperfecto dar el canto necesario para un tiempo de angustias e incertidumbres insoportables. Martínez Rivas es un poeta dialogante, siempre en sus textos dialoga con el lector o lectora, prefigura a su lector(a), le hace guiños a su lector(a), le da categoría de interlocutor(a). Una poética dialogante es la de Carlos Martínez Rivas. No olvidemos que en las tres religiones monoteístas de la cultura occidental: el judaísmo es el uno, el cristianismo es la comunicación y el islamismo es la acción. Esta actitud de los hablantes líricos en la obra de Martínez Rivas se nos torna envolvente, cómplice, subversiva y por ello seductora. Carlos seduce para insurreccionar el status quo, lo establecido, lo mojigato, lo cursi, lo banal, lo frívolo e inútil. No para obligarnos a trascender con sapiencias mayores o reglas canónicas, sino para reconocer la belleza de lo efímero del ser. En todos sus textos, pero más apreciable en sus poemas breves, Carlos instala una ironía corrosiva. No hay demolición grosera con grandes bolas destruyendo un edificio. Hay un ácido que se cuela en los blancos de su escritura, en el espacio de sus palabras para borrar la fotografía ideal y mostrarnos la radiografía del ser y lo real. La radiografía de lo humano, de su poesía, de nuestra cultura. Y aquí por supuesto uno de sus blancos favoritos es lo canónico. Lo canónico en su doble sentido de consagrado oficialmente o de autoridad eclesial. Bástenos recordar su memoria del Año Viento Inconstante o “Proposición teológica a un Prelado de parte de un feligrés”. Martínez Rivas en sus textos se distancia de la catarsis aristotélica, porque sabe que la purificación completa para el hombre postmoderno nunca será total. Conoce el drama de nuestra existencia a retazos, él mismo lo vive, lo conoce y sabe que la purificación sólo es posible en el texto. El yo Carlos Martiniano, el hablante lírico en sus textos poéticos, describe un periplo. Aquel que va de El paraíso Recobrado a Allegre Irato. Un yo pleno y puro; un yo con visión cinemascópica y multidimensional buen testigo de su tiempo; y un yo erosionado corrosivo, corruptible y mortal. También en esta poesía trascendental, hay un carrefour entre los grandes mitos helénicos y hebreos traídos a la vida cotidiana, así como eventos y seres de la vida cotidiana mitificados por su misma poesía. La densidad mítica de los textos de Martínez Rivas en su relación con la vida cotidiana, descienden del árbol genealógico del castellano Don Miguel de Cervantes y Saavedra y del dublinense Mr. James Joyce. Si Carlos Martínez Rivas es un poeta maldito, ustedes lo dirán, yo no me atrevo a afirmarlo. Para mí, el mal en la obra de Carlos, se denuncia como subvertor del bien: Dios hizo el pan/ El Diablo su precio. Pero no acoge al mal en su seno, ni lo practica contra nadie. La hazaña más grande y trágica de Carlos Martínez Rivas, es haberse insurreccionado contra su genio. 

You are not authorised to post comments.

Comments powered by CComment

 


  Plaza Julio Martinez 75vrs. al este. Managua, Nicaragua
  2268 1221 / 2264 2477
  8393 9266
  ventas@emprovisa.com.ni
RRHH Emprovisa
B° Altagracia, semáforos de la Racachaca 3c. al Sur ½ c. Abajo / 2254 4375

 

 


 

 

 


Desarrollado por